"Se que es raro que alguien a los 15 años esté en estas":
El voluntario más joven de la campaña

Emilio Vélez narra sus encuentros con candidatos políticos como otros jóvenes narrarían su primer encuentro con una celebridad. Son pocas las personas de 15 años que contarían un encuentro con un político con estas palabras:

“Yo me acuerdo mucho de la imagen de Humberto de la Calle bajándose del carro. Me acuerdo de haber pensado, “Wow, está acá”. Pero a la gente no le importaba mucho. Los de su equipo ya estaban acostumbrados. Pero yo pensaba: “no puede ser, el candidato está acá. Qué locura. Esto tiene que ser lo más loco del mundo. El resto de la gente seguía adelante, trabajando”.

Entonces Emilio tenía 14 años y era voluntario en la campaña a la presidencia de Humberto de la Calle. Era, claro, el más joven de todos los voluntarios. Hoy Emilio tiene 15 años, pero sigue siendo el voluntario más joven, esta vez en la campaña a la alcaldía de Claudia López, en la que participa más o menos desde el pasado abril.

El interés temprano de Emilio por la política fue más o menos accidental. Su mamá trabajaba en el equipo de comunicaciones de Humberto de la Calle y en un evento de esa campaña, al que fue acompañando a su mamá, terminó involucrándose como voluntario. “Empecé como voluntario en la calle, a repartir volantes junto al candidato. No hice mucho más, pero fue muy chévere. La gente que conocí... Todo fue muy divertido”, dice.

Lo que le gustó, y la razón por la que se quedó, dice, fue sobre todo por el ambiente de trabajo en equipo. Lo que más le gustaba era que tantas personas trabajaran juntas por un mismo fin, por el proyecto de un candidato. Sin embargo, ya tenía cierto interés por la política. Lo había descubierto en los debates en los que participaba en su colegio y en los modelos de Naciones Unidas de los que hacía parte y que lo mantenían enterado de lo que políticamente pasaba en el país.

Pero para él, el impulso más fuerte por involucrarse en la política vino después de un viaje que hizo con su familia al sur del país. “De todas las partes a las que fuimos, la que más me marcó fue Tierradentro. Allá vi el olvido del país por las comunidades indígenas. Un guía en el volcán del Puracé, indígena, nos dijo que su comunidad solo sabe del gobierno cuando el ejército va a reclutar a los jóvenes recién graduados del colegio. Y cuando esos jóvenes vuelven, llegan incluso con odio hacia ellos mismos por ser indígenas. Ese tipo de cosas que están viviendo en el territorio indígena no son aceptables”, dice Emilio.

Un par de meses después de eso, la entrada a su más reciente etapa en la política le llegó a Emilio en un restaurante. Allí estaba Angélica Lozano, una senadora que Emilio admiraba y cuya labor en el Congreso llegaba siguiendo desde hace tiempo.


“Estaba con mi hermano y recuerdo que quedé casi paralizado cuando vi a Angélica. Yo no estaba seguro de si era ella, entonces le dije a mi hermano, “¿No se te parece a Angélica Lozano?”. “¿Angélica quién”, me dijo. Fue muy chistoso”, cuenta Emilio.


Finalmente se acercó a ella y después de hablar un par de minutos se quedó con su número telefónico y con una foto que casi no se atreve a pedirle. Esa noche, Emilio le envió la foto por WhatsApp y le agradeció por “lo que estaba haciendo por Colombia”. Angélica Lozano le respondió que en ese momento había una reunión de la campaña de Claudia López y que podía pasar si quería. Emilio fue corriendo a una reunión que ya estaba por terminar. Llegaba a su segunda campaña política, pero esta vez lo hacía solo, ya sin la tutoría de su mamá.

“Tenía muchos nervios cuando llegué. La primera vez que me presenté mi voz temblaba demasiado. Todos suspiraron cuandos dije que tenía 15 años. Pero fue muy impactante ver lo bien que me recibieron”, dice.

Actualmente, muchos de los días de Emilio se reparten entre su colegio y la sede de campaña de Claudia López. Casi todos los días llega a las cuatro de la tarde y se queda ayudando en lo que haya por hacer hasta las ocho o nueve de la noche. Ahora mismo, que está en vacaciones, dice que se ha puesto más “perezoso”. Aún así, no pasa una semana entera antes de que vuelva a la sede a contestar llamadas o a volantear.