Respuesta de Antanas Mockus

Bogotá, 14 de noviembre de 2013 Queridas Claudia López, Angela María Robledo y apreciado John Sudarsky: bienvenidos los tres a este ejercicio de pensar con el deseo. Claudia tuvo a bien dirigirnos el jueves pasado una carta pública en la cual nos propone, a cuatro personas, que abandonemos nuestros intereses y proyectos actuales para integrar una lista fuerte al Senado. Si tal lista pudiera elegir una veintena de congresistas, hombres y mujeres excepcionales, se convertiría en la Lista decisiva (así con mayúscula) y podría aportar desde ya mucho a la paz. Tres de los cuatro destinatarios de la carta son pre-candidatos a la Presidencia dentro del Partido Verde: John Sudarsky, Antonio Navarro y Enrique Peñalosa. El cuarto destinatario soy yo, dedicado principalmente a asesorar, a dar conferencias y talleres. Los tres ya dijeron que no. Con esas respuestas, que los cuatro demos el paso y, sobre todo, que atraigamos a una veintena de candidatos se volvió imposible. Yo intenté  medírmele a la propuesta. Claudia: usted tiene la ventaja de estar arrancando en ceros, sin historias previas para perdonar y olvidar. Claudia nos dijo vayan por cuatro años al Congreso Navarro, Peñalosa, Sudarsky y Antanas; renuncien a sus planes y actividades actuales; la paz lo amerita. La argumentación es atractiva. A este Congreso le tocará transformar en leyes acuerdos como los dos ya logrados (desarrollo rural integral y participación política). Las leyes no lo son todo, pero si salen mal hechas serán una nueva fuente de desacuerdos y agravios.  Y no queremos que los acuerdos de paz se vean truncados en su paso por el legislativo. Allí en todo caso se configurará buena parte de la futura Colombia. Hace cuatro años acertamos cuando entre Visionarios escogimos dos candidatos para las listas de Cámara por Bogotá y de Senado. En el panel de Formadores de Opinión realizado recientemente por Cifras y conceptos, Angela María Robledo fue declarada la mejor congresista mujer y John Sudarsky, uno de los mejores senadores. El excelente desempeño de ambos y el hecho de que se hayan mantenido en el Partido a pesar de las múltiples tensiones, nos hacen pensar que lo lógico y conveniente es reconocer que la continuidad y la proyección de estos dos congresistas puede y debe fortalecer la identidad racional y emocional y el reconocimiento público del Verde. Invito a Angela María y a John a presentar sus nombres y a los electores a votar por ellos. Siento que ambos tienen la confianza de muchos empresarios. Angela María logró evitar por inconstitucional la instauración de la cadena perpetua, hizo control político con resultados en el caso de la directora del ICBF, contribuyó a bloquear el exabrupto en que se había convertido la reforma judicial, evitó que los adolescentes fueran encarcelados con mayores, encauzó constructivamente el debate sobre reforma de la educación superior y lideró con éxito la lucha contra la violencia sexual. John impulsó la nueva ley de participación ciudadana y proyecta hoy la de planeación participativa. Tempranamente se opuso a la reforma a la Justicia.  Ha convencido a muchos de la hipótesis de que buena parte de las patologías de la política colombiana nacen de las normas electorales. Hay que lograr que la gente recuerde por quién votó y le exija que rinda cuentas. Que le responda a toda una región claramente identificada. Hoy por hoy los parlamentarios por elegir deben contar con credibilidad ante el país. Idealmente también ante las FARC. A la hora de firmarse el fin del conflicto, a la hora de convertir los acuerdos en leyes, serán un puente, precario inicialmente, pero con un enorme potencial.  No somos amigos de las FARC, aspiramos a ser reconocidos como interlocutores confiables. Si Angela María se inscribe como candidata al Senado, si John se inscribe como precandidato a la Presidencia es asunto que en conciencia deben decidir ellos. Si yo fuera John, le daría prioridad a quedarme donde lo ha hecho tan bien. Ahí tendría un rol asegurado en la discusión en la Habana sobre el tema de sistema electoral. Deseo también que Claudia López entre al Senado. Lo merece por sus cualidades (inteligencia, franqueza, arrojo, transparencia) y por sus logros (desde la expansión de los programas “obras con saldo pedagógico” y “tejedores de sociedad” impulsada desde la dirección de acción comunal de Bogotá hasta la investigación sobre elecciones atípicas, investigación que sirvió de base a los procesos judiciales contra la parapolítica). Me parece que el Congreso es una institución llena de impredecibles avatares, que ha funcionado por décadas sin un Estatuto de la Oposición, donde con frecuencia las mayorías se imponen arbitrariamente sobre las minorías y no dudan en enrostrarles su carácter de tales. Consideraría la posibilidad de trabajar en la construcción de la paz desde el Congreso si fuera posible conformar una lista contundente, integrada por personas competentes y reconocidas por su compromiso con la paz, por su honestidad y por su capacidad para trabajar colectivamente, un grupo, por ejemplo, como el que alcanzó a reunirse bajo el nombre de “Pido la palabra”. Pienso también en personas como Cecilia López, Juan Carlos Henao, Liliana Caballero, Rodrigo Uprimny, Adriana Ruiz, Jorge Orlando Melo, Maria Emma Wills, Maria Jimena Duzán, Nicolás Montero, Viviana Barberena y Mario Hernández Álvarez, entre otros.  Y, por supuesto, habría que considerar quiénes dentro de las actuales bancadas de la Alianza Verde quieren y merecen ser reelegidos. Si lo anterior fuera posible y si yo resultara elegido, sometería trimestralmente mi gestión a la evaluación ciudadana, renunciando a la investidura en caso de que el resultado me fuera desfavorable. Vivimos un momento extraordinario. Reconozcámoslo y demos un paso adelante como ciudadanos o como candidatos. Toda esta propuesta busca responder a un reto: acompasar la honrada traducción en leyes de los acuerdos de la Habana, con un proceso ciudadano, basado en la capacidad de entusiasmarnos con la convicción de que nos merecemos la paz y de que ayudar a construirla puede hacernos mejores. Cordialmente, Antanas Mockus

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