[Lo que el diario El Colombiano censuró] La ruta de la expansión paramilitar y la transformación electoral en Antioquia

Habiendo ensayado el modelo en Urabá, la gran expansión paramilitar se inició desde allí a mediados de los 90. Pasó por Occidente, llegó al Valle de Aburra, se dividió hacía el Suroeste y el Oriente, subió al Bajo Cauca y se reencontró con el Magdalena Medio y el Nordeste, donde tenía sus raíces. Consolidar esa especie de ganzúa territorial supuso conquistar tres victorias. Primero la militar que consistía en desarrollar una eficacia criminal y de terror que abriera el paso. Segundo la territorial que consistía en arrebatar territorios al enemigo; las FARC, el ELN y después al que se atravesara, incluyendo sus antiguos aliados. Y tercero la política que consistía en asegurar que partidos y políticos afines a la causa consolidaran poder político y electoral que facilitara y protegiera lo que la trayectoria iba logrando.
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Como en el resto del país, las zancadas de la descentralización, el voto de opinión, el narcotráfico y el paramilitarismo dejaron atrás el bipartidismo y dieron paso a nuevas figuras y partidos emergentes. El partido emergente de mayor consolidación en Antioquia es ALAS-Equipo Colombia, cuya meteórica transformación electoral se debe más a las ALAS que al Equipo. Aunque en sus orígenes Equipo Colombia recogió vertientes conservadoras y empresariales del Norte y Oriente, en las ALAS de su expansión se tomó el poder en Uraba, una región donde los conservadores no habían logrado pasar de uno que otro concejal, y se expandió por Bello, Oriente y Suroeste, donde las tasas de homicidio y confrontación aún permanecen altas respecto de la evolución del resto del Departamento. En su primera elección a Congreso en el 2002 el forjador de Equipo Colombia, Alfredo Ramos, obtuvo la primera votación de Senado; al año siguiente conquistó una de cada cinco alcaldías de Antioquia; en 2006 sumó las ALAS y eligió 5 parlamentarios, de los cuales uno está preso y otros dos, incluido Ramos, son investigados dentro del proceso de la parapolítica.
Uno de los indicios que permitió destapar el fenómeno de la parapolítica fue la conformación de distritos electorales, es decir de un grupo de municipios, usualmente colindantes geográficamente y en zonas de dominio paramilitar, que súbitamente registran exitosisímas votaciones a favor de un candidato, las cuales rompen la tradición electoral de décadas previas. Lo establecido hasta ahora por la Corte Suprema de Justicia es que los distritos electorales son fruto de la combinación de varias formas de lucha: constreñimiento al elector, fraude electoral y concierto para delinquir entre políticos y paramilitares. En el caso de Antioquia existen serias evidencias de que se conformaron por lo menos cuatro distritos en las elecciones de 2002. Uno para favorecer al senador liberal Guillermo Gaviria, otro a Carlos Arturo Clavijo, otro a Ruben Dario Quintero y otro a Luis Alfredo Ramos. En el 2003 Equipo Colombia recogió para Alcaldías la votación del distrito electoral de Uraba, que favoreció en el 2002 a Quintero.
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En las elecciones de Senado de 2006 Ramos se retiró del Congreso, pero ALAS-Equipo Colombia quedó segundo en votación en Uraba, Nordeste, Magdalena Medio y Suroeste, sus nichos emergentes, al mismo tiempo que mantuvo el primer lugar en Oriente, Norte y el Valle de Aburra, sus nichos históricos. Con esa trayectoria no es sorpresa que la actual campaña de Ramos a la Gobernación sea apoyada por César Pérez, el cacique histórico y emergente del Nordeste, Ruben Dario Quintero, el fugaz caudillo de Uraba, Mario Uribe, el único Senador todavía libre de Colombia Democrática, y Oscar Suárez Mira, patrón de los terrenos de Bello. Ya pasaron por el Congreso y avanzaron en Alcaldías, sólo les falta la Gobernación; ahora van por ella. Además de la impresionante transformación electoral del Departamento, su análisis subregional detallado evidencia las diferentes caretas y versiones de la forma de hacer política de un mismo candidato en diferentes municipios. Si los habitantes del Valle de Aburra supieran y dimensionaran lo que sus prestantes dirigentes hacen, por ejemplo, en Uraba, quizás no los considerarían ni prestantes ni merecedores de ser sus dirigentes.
Como trasfondo y remate de la trayectoria armada y la transformación política ha estado la evolución, o más bien involución, socioeconómica de las regiones antioqueñas. Otrora zonas ganaderas y mineras como el Bajo Cauca son ahora emporio cocalero y siguen sumidas en la miseria. El Magdalena Medio y el Suroeste han reforzado, no aflojado, la altísima concentración de la tierra que tenían desde hace una década. Oriente que hace una década era sólo reconocido por ser sede del anillo industrial y cluster floricultor, pasó a ser la región más violenta del Departamento, incluso por encima del Valle de Aburra en algunos años. Uraba sigue siendo tierra rica, de gente pobre y geoestrategia violenta.
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Dejando aparte el Valle de Aburra, que es en sí mismo una categoría especial, sobre las zonas bananeras, mineras, industriales y cocaleras del Departamento se han concentrado indicadores de violencia demenciales, que llegaron a triplicar el promedio departamental, que de por sí superaba el promedio nacional. La fuerte ola de violencia homicida y sindical, fue parte de la estrategia paramilitar que suponía que su contribución a la Patria era atacar a quienes les parecieran bases sociales de la guerrilla y obstructores de la libre empresa. Esa supuesta contribución al desarrollo, que fue apoyada de manera entusiasta por tantos, solapada por muchos y condenada apenas por unos pocos, es uno de los mayores lastres y vergüenzas de Antioquia y de Colombia. Además del incalculable e irreparable costo humano y moral, y de las condenas judiciales que han debido pagarse del erario público y no de la reparación ofrecida por los homicidas, la ola criminal contra la organización social y sindical le está constando al país la dudosa aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, quizás la oportunidad más importante de desarrollo legal e inserción internacional que ha tenido la economía colombiana.
Sin apoyo económico, político y castrense, ceguera gubernamental y amplia impunidad social y judicial, el paramilitarismo nunca habría llegado a tener las magnitudes que tuvo en Antioquia y el resto del país; sin nada que lo atajara por años, transformó el alma, el trazado y la política antioqueña y colombiana.
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